Entrevistas

Carlos Ossa: La realidad se volvió más compleja, lo real más inaudito que las formas de su comunicación

Laura Lattanzi
investigadora y docente

Conversamos con el académico del Instituto de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile, Carlos Ossa, a propósito de su reciente publicación El ego explotado. Capitalismo cognitivo y precarización de la creatividad(Facultad de Artes Universidad de Chile, 2016).

En esta entrevista hablamos sobre las nuevas formas del capitalismo y su incidencia en las políticas culturales, la industria culturales en Chile, las transformaciones del Estado y hasta de la televisión chilena actual.

 

Partimos la conversación sobre su libro con algunas caracterizaciones sobre el capitalismo cognitivo. “El régimen de la producción ya no obedece a la lógica de la escasez, argumento en el que descansaba la economía política clásica, sino que ahora tú te enfrentas a un dilema mayor: cómo pensar una sociedad donde los bienes escasos se volvieron saturantes y excesivos porque ya no radican en una materialidad que se produce, sino que, por el contrario, en la  capacidad de imaginar esa materialidad”. Por otra parte advierte que las transformaciones que este modelo produce conllevan una precarización de la creatividad que no sólo afecta al ámbito de la cultura y las artes, sino a todo el espacio social. Y ello porque si bien estimula una creatividad, esta debe ser siempre individual -el emprendedor creativo como propietario de su saber- y no alterar el orden político-económico de manera radical. “No es un capitalismo coercitivo, no es un capitalismo represivo, es todo lo contrario, en su lenguaje operan las figuras del cambio, de la mutación, de la velocidad. Nadie podría decir, en un sentido estricto, que es un capitalismo reaccionario, pero tampoco es un modelo de sociedad que tenga como propósito garantizar la vida social como proyecto. Es la destrucción de la vida social en sí misma”.

ossa

En tu libro, se analiza como el desarrollo del capitalismo cognitivo se hace evidente en el campo de las políticas culturales en América Latina, ¿Qué distinción ves allí a diferencia de los análisis del capitalismo cognitivo que hacen los teóricos obreristas italianos, y los europeos en general?

 

El capitalismo cognitivo leído desde la etapa contemporánea en América Latina permite revisar la relación esquemática que desde los estudios culturales o desde los estudios poscoloniales latinoamericanos se le ha dado a la relación entre arte y cultura. En vez de verla solamente como reflejo o sustrato ideológicos de una elite, yo la vería como un espacio de mucha distorsión, de mucho conflicto, donde se pusieron en movimiento una serie de enfrentamientos que no están resueltos y que siguen hoy día sobre la base de un rediseño de las políticas culturales en el contexto neoliberal, replanteándose el problema de cómo articular simbólicamente el Estado con la sociedad. Entonces no es solamente la relación con el mercado, sino que el Estado con la sociedad. Y eso es una cuestión que me llama mucho la atención, porque en general desde el 2010 a la fecha, los Estados nacionales han incrementado su inversión en cultura, y eso tiene que ver directamente con que, más allá de todas las retóricas de la globalización donde nos indican a cada rato que los Estados vienen en baja, no han renunciado justamente a construir un vinculo estratégico con la sociedad en función de distintos intereses, donde ninguno es necesariamente revolucionario, pero tampoco ninguno es exclusivamente reaccionario o conservador.

 

En el libro mencionas que el Estado es el que legitima la apropiación y privatización del conocimiento.

Si, y esa es la paradoja, porque en América Latina, digámoslo así, el Estado ha creado el mercado. En este continente no hay una dicotomía o una diferenciación de un mercado autónomo del Estado, es todo lo opuesto. El aparato estatal con su burocracia ha generado un nuevo modelo corporativo a través del cual “interviene a la comunidad”. Entonces el mercado no es más que el modo corporativo que el Estado tiene de intervenir económicamente a la comunidad, no hay una distinción, una diferencia entre ambos. Por tanto la privatización de lo público no la acomete la actividad financiera privada, la acomete justamente el guardián de esa escena, y esa privatización permite ampliar, modificar y diversificar los productos de lo público. Sólo que esta vez en vez de que sean generados por el Estado son generados por su extensión, por su extensión corporativa, y para ello recurre a todo tipo de subvenciones, fondos concursables, becas y otros elementos tributarios que le permitan justamente ese trabajo, entonces es muy paradojal la figura.  Yo creo que nos falta contar la historia del Estado desde una perspectiva no institucional, no desde la economía, por eso me parece que contarla desde la cultura y desde el arte es significativo porque en América Latina el Estado sí ha tenido un peso decisivo. Ha construido un imaginario de la sociedad mediante la exigencia directa o indirecta al arte y la cultura de construir los relatos de ese imaginario. Entonces efectivamente en un contexto de crisis de modelo nacional el Estado lo único que puede hacer con su propio capital es privatizarlo.

 

Sin embargo, y sé que no te gustan las estadísticas, pero los indicadores en industria creativa del país son muy bajos en comparación con la región. Por lo que pareciera más bien que el Estado esta subvencionado un discurso...

Exactamente. El concepto de industria creativa que han desarrollado sobretodo los investigadores ingleses está basado en la optimización de una inversión económica en cultura y en arte que tiene una contraparte o un déficit, y si uno observa las industrias creativas que han funcionado exitosamente, la inversión de privados ha jugado un papel fundamental en ese proceso. En cambio aquí los privados que asumen esta definición, quieren que todo el proceso de inversión lo haga el Estado, para luego llevarse ellos el retorno rápido de utilidades. Entonces, en ese sentido, en Chile va a ser muy difícil que se instituya una industria creativa como se imaginan esos modelos, porque las elites privadas que se benefician de las utilidades de la cultura y el arte son extremadamente mezquinas y miopes en el proceso de inversión cultural.

Y también porque en Chile no ha generado una burguesía nacional, una industria nacional.

 

Claro, porque lo sustituyo todo. Se trata de una elite que renuncia a la creatividad territorial porque tiene anestesiada a una clase media que justifica su vinculo con el bienestar neoliberal a partir del puro acceso y no de la participación. Entonces aquí más que hablar de industria creativa para usar tantos neologismos que están de moda, deberíamos inventar el de participación creativa que es la que está siendo totalmente obstruida por los mismos que esperan que el sistema sencillamente se diversifique y dinamice con todo este discurso comunicacional del cambio, de la oportunidad, del emprendimiento y la innovación. No es la sociedad la que está impidiendo ese proceso de emprendimiento, es la propia elite que no puede comprender como desarrollar una estrategia global que modifique la manera de entender la relación entre economía y cultura. En ese sentido la elite chilena sigue siendo una elite del siglo XIX en este aspecto. Otros países ya están haciendo inversiones significativas, Argentina, México, Perú, están desplazado justamente  el PIB de las formas tradicionales de generación económica, están confiando en sus emplazamientos cognitivos. Es decir se están convirtiendo verdaderamente en sociedades de capital cognitivo. Pero en Chile existe una elite que, en el sentido más escandaloso,  lucra con ese poder cognitivo sin generarle condiciones óptimas de expansión, y asfixiándolo cada vez que ve una ocasión de poder obtener un mayor beneficio de ese proceso. Por eso podemos decir que uno de los problemas que van a tener las industrias creativas en Chile está relacionado con una elite que intenta definir un modelo de cultura bastante plano basado en el consumo de inteligencia administrada. Y eso va a ser un problema que va a tener consecuencias de polaridad social a unos años, porque la elite no va a lograr comprender su relación con esa sociedad, no va a poder comprender cuales son los focos de conflictividad social y no van a poder intervenirla con sus modelos establecidos. Sus modelos establecidos ya no funcionan con respecto a una comunidad que está  reestructurando el sentido de lo real. Esa conflictividad, ellos no la entienden, cree que es un problema de colocar más dinero, crear una mesa de diálogo o sencillamente aplicar más represión. Entonces esas tres medidas: la cohesión, la represión y el amedrentamiento, no van a tener posibilidades sino entienden que la sociedad chilena también está cognitivamente redefiniendo la relación entre subjetividad y política.

 

Por momentos el libro parece un poco desolador en su diagnóstico, pero me gustaría preguntarte si ves alguna posibilidad de transformación en lo podemos llamar una “subversión comunicacional”. Es decir, más allá del discurso reaccionario de que el mero acceso a la información brindaría una distribución más equitativa de poder, hoy se busca reordenar la información de otra forma. El cyberpunk, plataformas como wikileaks, ¿son para ti modos posibles de transformación o subversión en la época del capitalismo cognitivo?

Podríamos decir que ya comenzó la revuelta, la revuelta es en el lenguaje. Sólo que ahora es una revuelta que se está tratando de adaptar, como decías tú, reordenar la información dentro de los parámetros establecidos por la operación digital. Ahora, si esa operación digital insiste en homogeneizar los contenidos, darlos vuelta de la misma manera y ofrecer las mismas posibilidades, puede generar que un segmento importante de la población lo utilice con fines estrictamente conformistas. Pero también puede que otro segmento sienta que sus propias expectativas de expandirse a través del lenguaje no están siendo contenidas por este régimen digital y por tanto genere algún tipo de intervención, de desvío, de desplazamiento, que produzca algún tipo de contraste con el régimen informacional. Y eso, por ejemplo, se está notando en el hecho de como hoy día una parte importante de la juventud no ve televisión como lo hacíamos nosotros, sino que fundamentalmente programa sus contenidos y los observa en múltiples plataformas, no le da la centralidad hegemónica a lo que para muchos fue el gran aparato ideológico de la modernidad. Entonces en ese sentido la revuelta ya comenzó, el asunto es que estas revueltas como están en el plano del lenguaje y el lenguaje culturalmente demora mucho más tiempo que los cambios tecnológicos en resignificar el mundo que está interviniendo, es un proceso largo.  Y en ese sentido los medios de comunicación ya no pueden ser entendidos como medios de comunicación, sino que tienen que ser entendidos como mediaciones culturales. Y en la medida en que ciertos sistemas comunicacionales, como los que vivimos en Chile, se sigan pensando como medios de comunicación su posibilidad de ser comprendidos y leídos masivamente se va ir reduciendo. Eso por ejemplo lo aprendió la radio. La radio hoy día genera una cantidad impresionante de mediaciones culturales, que la vuelven uno de los sistema de participación más legítimos y más valorados por las personas. En cambio en la televisión tu ves la infinita mediocridad de la repetición y la tautología visual. Entonces ese modelo informativo no agrega nada de información, es parodia de información, que termina volviéndose fantasmagórica. Nadie quiere ver una televisión fantasmagórica como la que hoy día tenemos, con sus programas eternos ¡más de 40 años de matinales!... Es decir, la televisión quedo detenida en el modelo de la cultura autoritaria de masas, programas verticales, hiperdirigidos y fundados en la idea de que hay un grupo de expertos que sabe lo que la gente quiere. Entonces, estamos al revés.

 

Igual la televisión tiene todavía permeabilidad en ciertos grupos...

Claro, pero cada vez más la permeabilidad tiende a los propios grupos de interés. Es decir ha convertido a las minorías en la nueva masa. En cambio lo que llamaríamos la masa ya no existe, nunca existió, y por tanto la diversificación es notable. La gente entra y sale de la televisión. Y en ese plano, claro, una economía creativa tendría que replantearse justamente el papel contemporáneo de la televisión en estas culturas altamente fragmentadas y diversas. En cambio no, aquí se sigue con un modelo que no quiere renunciar histéricamente al hecho de que ya no puede seguir operando con el paradigma liberal de la concentración informativa y de la pauta periodística, y de una concepción de la entretención diversificada por estamento o por grupo etario. Y por otro lado, digamos que el acceso a la información, es también una fantasía que propone el sistema. Porque si uno hace una tabla de los contenidos que circulan, tu te vas a encontrar con la sorprendente reiteración vegetativa de iconos o personajes,  que solamente cada cierto tiempo son alterados por la emergencia de un producto que viene con las lógicas del emprendimiento, de la innovación, es decir viene con la promesa del capitalismo cognitivo de ampliar la oferta de lo público por circuitos privados. Entonces la televisión se ha vuelto una especie de zombie que se alimenta de esa carne que llega desde afuera sencillamente a renovar su propio libreto. La televisión ha quedado detenida, no digamos la televisión mundial, sino que en el caso chileno la televisión quedó detenida. Quedó ensimismada en creer que todavía le está hablando a una provincia. Le está hablando a un mundo de barrio, y no entiende que en ese mundo de barrio ahora se pasan muchas horas frente a otras pantallas. Entonces hoy día en general la televisión está separada de la sociedad porque no sabe como hablarle, así como la televisión una vez le quito la lengua política a la sociedad, ahora, la sociedad ya no habla la lengua de la televisión. Entonces estamos en un mundo muy difícil de cuantificar donde por un lado podemos predecir ciertos comportamientos, que son los más estandarizados, los más obvios y por el otro lado un descampando de incertidumbre. Independiente que accedamos a millones y millones de informaciones, no hay una correspondencia exitosa entre estar informados y saber que es lo que está pasando. La realidad se volvió más compleja, lo real más inaudito que las formas de su comunicación.