Críticas

La anomalía social de la transición. Movimiento estudiantil e izquierda universitaria en el Chile de los noventa (1987-2000). Santiago: Tiempo robado editoras, 2016.

Nicolás Román
Cecla, Universidad de Chile

 

 

Este trabajo es interesante por su análisis, su perspectiva y proyecciones. El libro situado en la corriente de la historia social se encarga de los derroteros del movimiento estudiantil desde la caída de la Dictadura hasta despuntar el siglo XX como indica su título. Este movimiento, como anomalía social, tiene por escenario de sus acciones una década nefasta, los 90'.

 

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La anomalía social de la transición contienereflexiones y palabras políticas de una nueva generación de intelectuales protagonistas de un momento histórico en que las luchas sociales han superado sus formas precarias y atomizadas. La actualidad de este trabajo de Luis Thielemann se encuentra en el espacio de una intelectualidad militante que nos ha dotado –no solo de un lenguaje– sino que de herramientas que han pasado el umbral de la teoría a la praxis en la articulación de nuevas prácticas políticas para recuperar nuestros derechos sociales. 

Este trabajo es interesante por su análisis, su perspectiva y proyecciones. El libro situado en la corriente de la historia social se encarga de los derroteros del movimiento estudiantil desde la caída de la Dictadura hasta despuntar el siglo XX como indica su título. Este movimiento, como anomalía social, tiene por escenario de sus acciones una década nefasta, los 90'. Un decenio perdido para las organizaciones sociales y una década ganada para los celebradores del fin de la historia. El libro pasa por los encuentros y desencuentros de las orgánicas estudiantiles y se encarga también de percibir los bemoles de la administración concertacionista en su oposición a los movimientos sociales. La vertiente antagonista del texto demuestra cómo con tesón esta anomalia social construyó la voluntad política para levantar las organizaciones estudiantiles que hoy han puesto sobre la mesa la discusión de la educación gratuita y los derechos sociales. 

Este libro se acerca a un objeto de estudio que para nosotros es sumamente coyuntural –el movimiento estudiantil– puesto en una doble relación. Por un lado, hace un examen detallado de los conflictos que van del cierre de la dictadura hasta el nuevo siglo; y por otro lado, siempre debate con una temporalidad de largo aliento que sería el tiempo del movimiento social y sus contestaciones al orden de clases. El libro comienza con un breve repaso del lugar del movimiento estudiantil y su asociación al movimiento obrero, pero con la certeza de la transformación de este actor social que pasó de ser un movimiento elitario en el siglo XX a un movimiento en el siglo XXI. 

El libro tiene una columna vertebral articulada en diferentes conflictos que comienza con la oposición a Federici y una primera despolitización del movimiento estudiantil. El énfasis de la lectura de esa época radica en el transcurso de los primeros de la democracia con el debut de la ingeniería social de la transición que separa a sus dirigentes del poder social incubado en la lucha contra la dictadura. Así, bajo el punto de vista de Thielemann, los cuadros políticos de la Concertación nublaron la claridad de las orgánicas estudiantiles hasta casi volverlas obsoletas con la pretensión de transformarlas en parte de un aparato del Estado asociado a la juventud. Su prosa es aguda, ácida e inclemente con aquellos militantes de fines de la dictadura que se volvieron cuadros orgánicos de la administración de la derrota del movimiento social y que hoy desfilan bajo el paragua de la NM.

Además, el libro documenta cómo la anomalía social de la transición contestó las diversas formas de “modernización y racionalización” concertacionista. El sello de estos procesos fueron el ajuste y la represión. Estos elementos operaban en la lógica del desmantelamiento de las Universidades en función de la eficacia de la administración, cuyas consecuencias eran la privatización y la precariedad con distintos énfasis conocidos por la población chilena: letras bancarias, crédito CORFO, C.A.E. y uno que otro invento de baja ralea. En este escenario, esta investigación se basa en una labor documental meticulosa que expone las características de las políticas de la Concertación como una forma de vaciamiento del carácter social del Estado. Al unísono la perspectiva del historiador se hace cargo de componer los momentos fundamentales por los que pasó el movimiento estudiantil desde las discusiones en los patios, las salidas en los campus, la refundación de las Federaciones y la articulación de la CONFECH. Estos derroteros muestran cómo este movimiento ha llegado a correr el cerrojo de la transición y la legitimidad de la democracia autoritaria nacional. 

La perspectiva analítica y política de Luis Thielemann tiene las expectativas de convertir la crítica en un movimiento, apostar por lo político de la agitación social como una forma de darle cuerpo a la teoría en la praxis. Eso está en este libro, el paso de la literatura teórica a la apuesta por encontrar las esquirlas de una anomalía que estalla con la asonada social en el 2011. Este trabajo es el libro de un compañero historiador, militante, que se inscribe en una tradición de intelectuales con compromiso, con el ojo agudo ante el devenir de las contradicciones sociales. Su investigación ha tomado la tarea de estudiar los avatares de la transición para detallar cómo el neoliberalismo avanzado se consolida en la administración democrática civil bajo el celo de la capa militar. 

No me queda más que adjuntar unas breves palabras de Roberto Espósito que complementan la labor intelectual de este trabajo y proyectan la utilidad de su análisis, porque

“ningún cambio real en nuestras formas políticas actuales es imaginable sin una modificación igualmente profunda de nuestras categorías interpretativas” (20).  

Por estas razones la reflexión política y la investigación comprometida debe tener un lugar especial en nuestras discusiones contemporáneas ante un escenario abierto de recomposición del tejido social.