Columnas

Teatro 2016: Sobre la falta de reflexión critica, y algunos apuntes

Isabel Baboun Garib
Actriz (PUC 2008) escritora y doctora en Literatura por la Universidad de California, Davis

"Me pregunto ¿será que a nadie le interesa? No, es que aún no entendemos que la critica teatral, sí es una labor urgente. Alfredo Jaar lo dijo: “antes de producir y hacer sin descanso, debemos como artistas, practicar de manera urgente la reflexión”. Porque la critica forma parte –antes o después quiéralo o no– de un proceso creativo."

Se terminó el año 2016 y hacemos balances. Miramos el horóscopo, la carta astral. Agendamos una lectura de tarot a ver si La Torre –símbolo para muchos de eventuales tragedias– esta vez, no deja catástrofes. Algunos saben que la suerte ya está echada y no queda mucho por hacer. Otros desocupamos cajones. Abrimos ventanas, cambiamos los muebles de lugar. Ritos. Año de muertes el 2016 respecto a las artes, de íconos musicales que marcaron épocas, tendencias. Mientras anoto esto asomo un ojo a la portada de un diario y un titular anuncia otro nombre: muere la Princesa Leia de un infarto durante un vuelo a California. Al día siguiente lo hace su madre a causa de un derrame cerebral. Muertes por intoxicación de fármacos o sobredosis. La de Prince, dicen. La de Bowie no. Y claro, hacer un recorrido sobre qué pasó en el año recién pasado respecto a las Artes Escénicas en nuestro país, no es cosa de tirar las runas y aspectar un diagnóstico. Podría, pero todavía no me puse a estudiar ese arte. Y aunque supiera, este no es un problema de azar, ni de somníferos, sino todo lo contrario, es –o debería ser– un estado de alerta.

 

Abro una pestaña en internet y escribo balance del teatro chileno 2016 a ver si alguien ya se adelantó. No encuentro más que fotos, algún audio periodístico, comentarios rápidos sobre alguna obra, la preocupación por la carrera hacia el Oscar para el cine nacional. O sea, una majamama de conversaciones que más bien desarticulan una reflexión antes que elaborar un recorrido. Y claro, justamente ha sido el azar lo que ha mediado la pobre y escuálida reflexión critica respecto a este lado del campo cultural, el teatro. Me pregunto ¿será que a nadie le interesa? No, es que aún no entendemos que la critica teatral, sí es una labor urgente. Alfredo Jaar lo dijo: “antes de producir y hacer sin descanso, debemos como artistas, practicar de manera urgente la reflexión”. Porque la critica forma parte –antes o después quiéralo o no– de un proceso creativo.

 

Nominar o galardonar a las obras íconos del 2016. Elegir aquellas nefastas, o destacar las otras, esas que la rompieron con éxito de público. Para qué, dejémosle ese rol a los programitas faranduleros de la tele, que elijan ellos al mejor vestido y a la más fea sin maquillaje. Entendámoslo bien: una reflexión consciente y sostenida de la práctica teatral es fundamental para comprender el fenómeno del teatro como parte indisoluble de nuestro proceso cultural. Sí, en Chile tenemos excelentes actores y compañías teatrales. No, en Chile no tenemos consciencia de cómo abrir paso a una labor critica completamente en abandono. Sí, me invitaron a realizar un balance del año sobre lo visto el 2016 y en cambio hago trampa escribiendo/pidiendo en voz alta más espacio para voces criticas que ayuden a visualizar las formas y contenidos que componen el momento actual de nuestro teatro.

 

Quisiera destacar dos eventos claves que ocurrieron el 2016 sin haber sido verdaderamente atendidos: el X Encuentro Hemisférico de Performance “X-éntrico: disidencia, soberanía, performance” organizado por el Instituto de Performance de la Universidad de Nueva York que tuvo lugar en nuestro país, y la XVII Muestra de Dramaturgia Nacional con Jaime Lorca y Aliocha de la Sotta como directores artísticos.

 

El primero ofreció un encuentro para la discusión sobre la performance como arte interdisciplinario donde Alfredo Jaar, Premio Nacional de Artes Plásticas 2013, ofreció una conferencia titulada “Qué difícil”. Me pregunto entonces, ¿cómo dialogan las artes escénicas, y en especial la performance, con las reiteradas prácticas de violencia a nivel mundial? ¿De qué manera el cuerpo, como signo, se dispone/ex–pone como mediador entre lo real y el mundo? ¿Cómo la violencia de género bullente y descarnada del último año en Chile se entrelaza con la performance como vehículo de encarnación y/o denuncia? ¿Sabemos quiénes hoy en Chile se sirven de este medio expresivo para interpelarnos a nosotros, espectadores, sobre las distintas crisis políticas, educativas, entre muchas otras, que hace no mucho han tomado lugar? Quizás antes que todo habría que preguntarse, ¿qué entendemos por performance?

muestra

 

Respecto a lo segundo. La Muestra Nacional de Dramaturgia en Matucana 100. Asistí entusiasta y me fui con rabia: la Muestra hace tiempo pide cambios, volver a mirar decisiones antiguas que entorpece su proyección en el tiempo. Por ejemplo, Tarde de verano de Ana Corbalán, dirigida por Ana Luz Ormazábal, presentó una problematización escénica atractiva por parte de su directora para un texto de características sobre todo narrativas. El despliegue técnico y audiovisual de este trabajo cobraba sentido únicamente con su audiencia. Sin embargo, los pocos días de temporada tanto en Santiago como en regiones impidieron cualquier proyección escénica. Por otro lado, La cuna de fuego de José Antonio Luer, dirigida por Rodrigo Pérez, fue para mí, una de las obras más débiles de La Muestra en términos dramatúrgicos, -aunque exigente actoralmente- sobre todo por el torpe tratamiento dramatúrgico de los temas con los que su autor decidió trabajar.

Planteo ahora mismo algunos alcances: ¿Es acaso la Muestra Nacional de Dramaturgia una instancia exclusiva para dramaturgos? ¿Debiera ser, por el contrario, un espacio para directores quienes a partir de los textos seleccionados exploren cada obra a modo de “laboratorio” escénico? ¿Qué tan importante es que las obras sean llevadas a escena respetando al cien por ciento la versión escrita por su autor? ¿Es un festival para destacar e incentivar la dramaturgia nacional o uno de teatro que busca mantenerse como alternativa cultural? ¿Cómo resolver la escueta temporada de uno o dos días que reciben las obras una vez estrenadas después de meses de trabajo? ¿Deberíamos pensar en, quizás, que los dramaturgos ganadores escojan o propongan a los directores que ellos quisieran para sus textos? O al revés, ¿que los directores de la muestra, como se hace hasta hoy, sean convocados? ¿Que se publiquen los textos seleccionados primero de manera pública, y luego, que se presenten directores con sus opciones favoritas para dirigirlas?

lamedero

Cuando fui a ver No tenemos que sacrificarnos por los que vendrán del colectivo Zoológico, todo funcionaba como reloj. La dramaturgia, el extraño y efectivo sentido del humor. Las impecables actuaciones. La construcción dramática en este proyecto opera como documento histórico: diálogos y discusiones sostenidos entre Merino, Mathei, Mendoza y Pinochet durante cinco días para reformar el código Laboral en 1979. La ficción, finalmente, es el punto de vista que sus creadores presentan más de tres décadas después. En otro sentido aunque también en relación a la palabra como búsqueda escénica, pienso en Lamedero, de Roberto Contador. Un imperdible. Con un texto donde la locura es explorada desde la producción de subjetividad que permite el lenguaje, la obra instala y desinstala la realidad de sus personajes a partir de una versión libre de la novela de Cervantes El licenciado vidriera. Roxana Naranjo como siempre, dueña de un lenguaje único y exquisito como actriz. Un texto extraño, lírico, sí, pero rebosante de matices y profundidad donde la comunicación y su imposibilidad quiebran el sentido de vincularnos desde quienes somos realmente.

En el 2016 no lo vi todo, imposible. Pero las obras que he mencionado las recuerdo sin mucho esfuerzo. Me dejaron sensaciones, preguntas. Ganas de volver a verlas. Dicen que cuando pasa mucho tiempo sin visitar a un amigo, lo que prueba esa amistad es el comienzo del encuentro, si el dialogo va de anécdotas pasadas o, por el contrario, de los problemas del presente y de las ganas de contarnos todo de nuevo. Con el teatro, para mi es igual, voy para entender un poco más la vida, para no enemistarme con ella, para no quedarme varada en mis propios callejones oscuros tan atractivos a veces… aunque las cosas, la mayoría del tiempo, no vayan así como queremos. Quizás el rito sea este, el de volver a ver, el de pensar de nuevo. El de mirar dos veces.