Críticas

Tragedia y Melancolía. Idea de lo trágico en la filosofía política contemporánea, de Juan Pablo Arancibia

Laura Lattanzi
investigadora y docente

El  libro "Tragedia y Melancolía" de Juan Pablo Arancibia (La Cebra,2016) propone rastrear la genealogía de lo trágico desde la concepción niestzscheana para luego estudiar sus implicancias filosóficas- políticas en la experiencia moderna.

Lo des-comunal de la política.

El libro Tragedia y Melancolía de Juan Pablo Arancibia Carrizo (La Cebra, 2016) es un dedicado trabajo que se propone rastrear la genealogía de lo trágico desde la concepción nietzscheana para luego estudiar sus implicancias filosófica-políticas en la experiencia moderna, siguiendo los análisis de tres grandes pensadores contemporáneos: Foucault, Agamben y Esposito. Así la tragedia deja de ser un concepto exclusivo del campo literario, para exhibirse como un pensamiento político trans-histórico que alcanza una relevancia particular en la experiencia moderna.

El libro está divido en tres partes. La primera estudia la concepción de lo trágico en Nietzsche, sus resistencias y críticas a la tradición metafísica y sus implicancias filosófico-políticas, advirtiendo que el sentido de lo trágico opera como un principio en el entramado general de su pensamiento. En la segunda parte nos revela como el semblante nietzscheano de lo trágico está presente en el pensamiento filosófico-político de Foucault, Agamben y Esposito, atendiendo allí a tres elementos: el carácter crítico de la experiencia político moderna, la centralidad en torno al problema del cuerpo en el estudio de la gubernamentalidad biopolítica, y el agon trágico como principio constitutivo de lo político. Finalmente en la tercera parte se estudia la relación entre tragedia y melancolía, y propone la noción de lo “descomunal” como categoría analítica para pensar el carácter ontológico de lo trágico-político.

Ahora bien la pregunta que siempre surge en estos casos es ¿cómo este libro irrumpe en el contexto actual? Me permito distinguir allí dos escenarios.

Uno tiene que ver con la inscripción de este libro en un campo filosófico, en donde el autor, en primer lugar, inscribe el sentido trágico dentro de las debates en torno a la gubernamentalidad y biopolítica que se vienen sucediendo a nivel local e internacional (hace unas semanas, por ejemplo se produjeron las II Jornadas Transdisciplinares en Estudios de Gubernamentalidad en la Universidad de Chile). Por otra parte el libro propone una relación entre tragedia y política que desplaza la matriz ritual-Estado que había caracterizado parte de la literatura filosófica política. Me refiero a las concepciones que destacan dicho entramado como un conflicto fundacional de la polis, el origen trágico y violento que ha sido oculto en el nacimiento de la Nación (el estado de naturaleza hobbesiano, el mito del Tótem y Tabú freudiano y sus derivadas). Aquí la dimensión trágica no sería un síntoma fundacional, un origen que retorna, sino una dimensión constitutiva -y una emergencia- en el entramado mismo de la experiencia moderna.

El segundo campo en el que este libro irrumpe es el del espacio social y los discursos que configuran dispositivos sobre lo político. Reduciendo un poco la densidad genealógica que este escrito nos propone, podemos distinguir dos elementos fundamentales en la relación entre tragedia y política que nos ayudan a contrarrestar los discursos hegemónicos y conformar una concepción crítica y desafiante. Me refiero a la noción de conflicto y la de su fuerza irreductible, lo descomunal.

El primer elemento constitutivo -el conflicto- nos permite refutar las nociones que entienden lo político como un ejercicio mediador que establece consensos, el “dialogo conciliador para lograr alianzas”, para, por el contrario, reconocer las relaciones de fuerza, las luchas antagónicas, que antes que ser anómalas para la política, son su fuerza impulsora. Semejante noción puede resultar al menos polémica frente a las voces de políticos y medios de comunicación que suelen neutralizar el conflicto, negarlo, excluirlo, judicializarlo o, en el mejor de los casos, considerarlo una interrupción dentro del correcto devenir de “lo político”. Es por ello que este libro primero nos ofrece una meticulosa crítica al episteme moderno que funda y opera en estas nociones hegemónicas de la político, aquellas nociones que instauran una supremacía moral, una “felicidad metafísica” que excluye y oculta el enfrentamiento. El conflicto no sería entonces una interrupción ni una excepción sino que estaría inscrito en el mismo acontecer de lo político.

Finalmente el elemento de lo descomunal nos recuerda que nuestras vidas individuales y colectivas están signadas por una “precariedad”, fuerzas contingentes, no controlables que nos expone continuamente en nuestra fragilidad. Esta noción también viene a contrarrestar aquella “pulsión por el orden” que caracteriza al status quo de nuestro país. Lo político ya no como un dispositivo del orden, sino “como su colapso, su imposibilidad, su dislocación, su distorsión”. Arancibia dedica su libro, que surge como tesis de doctorado, a militantes hoy muertos del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, quienes también nos recuerdan lo des-comunal de la política, el des-borde de lo común.

De esta forma estas nociones, junto a las de “pesimismo trágico” y “melancolía” se configuran , en palabras del autor “como disposición ética, estética y política, [lo que] implica asumir que este carácter “trágico-político”, compartiría la posibilidad de un otro modo de pensar o imaginar la política”.